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DECISIONES

Un día, decides conscientemente que vas a realizar algo que siempre has deseado hacer pero que has estado posponiendo por el/los motivos que sean.

En ese momento, te sientes fuerte, capaz, y feliz, disfrutas imaginando tu resultado, cierras los ojos y tratas de vivir ese momento que sin duda será muy importante para ti y que probablemente constituya un antes y un después en tu vida.

Después de la euforia inicial, de esa decisión, es necesario realizar un plan de actuación que te permita conseguir ese objetivo. Consiste en trazar las pautas o pasos necesarios para conseguirlo. Teniendo claro dónde está la tierra prometida, ahora solo queda avanzar hacia ella.

Supongamos que, con mucho esfuerzo y enfoque logras idear ese plan. Para ello, te formas, pides ayuda y consejo a gente experimentada, personas que lo han conseguido, personas que te han demostrado con su ejemplo que es posible, y, te dices a ti mismo “Si ellos han podido yo también puedo”. De hecho, es bastante probable que, hasta esas personas que lo consiguieron sean las que te digan que si quieres puedes, pero que tienes que esforzarte.

Pareces entender perfectamente el proceso, crees tenerlo interiorizado, y comienzas el camino de la victoria.

Los primeros días luchas con el cambio de hábitos necesario para hacerte a esta nueva situación. Lo consigues, estás muy motivad@, y tienes las referencias del éxito bien cerca. Quizás cuentes con el apoyo de esas, y sientas que todo funciona porque no estás sol@ en el proceso.

Conforme van pasando los días, empiezas a notar resistencias, hay días difíciles, y puede que en algún momento de debilidad llegues a preguntarte si realmente merece la pena tanto esfuerzo y tanto sacrificio. Es probable que busques opiniones al respecto. Tu entorno puede decirte que si, o puede decirte que no. Puedes estar rodeado de personas que compartan tu pasión, que no la comprendan pero la respeten, o quizás ni eso. De repente notas que tu energía empieza a descender, empiezas a sentirte empático y comienzas a desanimarte.

Otro día, de repente, tienes la fortuna de compartir un momento con una persona que te inspira porque ves que es coherente, que lucha con por sus sueños y que parece feliz. Puede que su objetivo sea diferente pero parece que su camino para conseguirlo no difiere demasiado del tuyo. Puede que las estrategias sean similares. Pareces llenarte de un poco de luz y sacas un poco más de fuerzas para seguir adelante.

Después, vuelves a tu estado apático de nuevo…te preguntas qué puedes hacer para salir de ahí, pues sabes que no te beneficia en absoluto y entiendes que, llegados al punto en el que te encuentras, retroceder no es una opción. Decides seguir, como puedes, y completar tu objetivo.

El día llega, y tú llegas como llegas, pues formaba parte del proceso saber entender y gestionar todas las emociones que implican tanto trabajo y tanta incertidumbre.

Lo haces, ya está, ya has hecho lo que tenías que hacer, y ahora, esperas un resultado. Ese resultado que determinará cómo lo has hecho, que te pondrá en el lugar en el que realmente debes estar y que tendrás que asumir.

Si obtienes lo que quieres, te sientes eufóric@, capaz de todo, y piensas que la vida es maravillosa.

Si no obtienes lo que quieres pero obtienes un resultado que validas como adecuado dada las circunstancias, tomarás una de estas dos decisiones: volver a intentarlo para mejorar, o conformarte.

Si no obtienes el resultado, si no ha salido como querías, o incluso como crees que te mereces, tomarás una de estas dos decisiones: rendirte, o volver a empezar.

De tu experiencia sacarás unas conclusiones, y sentirás que como lo has vivido puedes dar consejos al resto de personas que quieran hacer lo mismo que tu has hecho, en ese momento puedes convertirte en un “hacedor de sueños” o en un “destructor de sueños”.

¿Decidirás conscientemente decirle a la gente que no merece la pena porque tú no lo has conseguido?

¿Decidirás hacer un análisis real de todo lo que ha intervenido en tu proceso y pensar qué puedes cambiar para obtener un mejor resultado?

Cada cosa que hacemos, y decimos deja una huella en el universo y en las almas de las personas con las que interceptamos.

He tomado la decisión consciente de intentar mejorar la vida de todas las personas con las que tenga el placer de compartir momentos.

No hablo de ir buscando a personas para ser ayudadas, no hablo de determinar yo bajo mi individual perspectiva qué es lo que una persona puede necesitar, hablo de prestar una atención consciente y empatizar con todas las personas que detecte que pueden necesitarme.

¿No sería maravilloso irte de este plano sabiendo que has podido contribuir a mejorarlo un poco?

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